Este blog no pretende ser una guía para seguir paso a paso con el objetivo de solicitar y entrar a un programa de estudios en Francia. Este blog intenta relatar diversas experiencias de varios colombianos y dar un marco general de razones para estudiar en el extranjero. Muchas de las experiencias que viven los personajes pueden ajustarse a otras áreas del conocimiento, a estudios en otros países, y a otras condiciones estructurales y sociales del lector.
A las 5 de la mañana llama Esneider a Yurleidis una triste y fría mañana de invierno. Llovía como nunca y Esneider se había levantado muy temprano para
pasar por un café Internet antes de ir a trabajar.
—Aló, aló —dice Yurleidis.
—Mira ve, tenemos plazo hasta esta semana para aplicar a la beca CEF —dice Esneider con preocupación.
—¿Quién es? ¿CEF? —pregunta Yurleidis.
—¿Quién será malparida? ¿tu puta madre? Pues la CEF es la corporación para los estudios en Francia, y según Campusfrance, es una oportunidad clara de beca que nos daría 400 euros al mes durante el primer año en Francia.
—“Respetame” a mi mamá señorito —dice Yurleidis enojada
—Hablé con la gente de las becas, pregunté que becas había y me dijeron disque escuchara una canción de Mauricio “el Ronco de Oro” que llama “Becas para Francia”[1] —cuenta Esneider muy contento.
—¿Cómo es que dice esa canción Neider?
—Es algo así como esto:
“Pa' los dotores está la cifre[2], la erasmus[3], y la menrt[4],
Pa' los dotores está la cifre, a ater[5], la cnrs,la eiffel[6], la anr
la colciencias que no se queda atrás
la colciencias que no se queda atrás” —canta desafinadamente Esneider.
—¿Pero y para maestría? —replica Yurleidis.
—Hay unas parecidas, escuchá vos misma la canción —dice Esneider con enojo pero tiernamente — Yo voy a acabar de imprimir los documentos para la beca del CEF, es la major para mí según me explicaron en CampusFrance.
Al día siguiente Esneider entrega su formulario sonriente, pero hay algo misterioso en todo esto, ¿por qué estará Esneider tan contento? ¿qué documentos presentó para la solicitud de la beca?
[1] Mauricio “el ronco de oro”, Becas para Francia: http://www.youtube.com/watch?v=1v4u17yYk_s
Son las 9am y suena el despertador de Esneider. Él se encuentra estudiando una maestría en la ciudad de Burdeos, Francia. Debe llegar a las 10am a clase. Esneider se alista rápidamente y toma una bicicleta que se encuentra en una estación para bicicletas en la calle.
En diferentes ciudades de Francia, el estado arrienda bicicletas por costos muy bajos (alrededor de 15€ al año). El estado ha construido estaciones por todo Burdeos[1], por ejemplo. El usuario valida su identidad con una tarjeta magnética, toma una bicicleta y después la retorna a esa u otra estación cuando termina de usarla. Esneider usa este sistema para ir a la universidad todos los días.
Hay en mi vida dos amores, dos problemas a la vez, que no logro resolver: una es mi novia que la adoro, y no la quiero perder, y la otra es mi mujer,pero si tengo, algún día, que decidirme, ¡ay Dios mío! No sabría que hacer. Sin el cariño de las dos podría morirme… ellas no lo saben y no lo pueden saber…[2] —canta Esneider desafinadamente mientras conduce la bicicleta que le presta el estado y toca la campana que hay en la dirección para acompañarse al ritmo de la canción.
Al llegar a la facultad de Ingeniería de la Universidad de Burdeos. Esneider se encuentra con Jean Paul, un compañero de clase.
—Salú “Yanpol”[3], sa ba? —dice Esneider con su francés machacado.
—A plu tarrrg. —dice Esneider enfatizando el sonido gutural de la “r”.
Esneider sigue su camino y se prepara psicológicamente para la clase de diseño de sistemas de información distribuidos. A pesar de no haber sido un muy buen estudiante en Colombia, Esneider ha potenciado sus habilidades y ahora le va muy bien en Francia. Tan sólo tiene que tomar 10 o 20 horas de clase, nada comparado a las 40 que tenía en Cali. Fuera de eso, no le dejan muchas tareas.
Al medio día, en un soleado viernes de primavera, Esneider queda libre de clases y llama a Yurleidis, con quien había quedado de encontrarse para dar paseo.
—Tan “marica”[8], ¡no! Son de esos que uno coge en unas estaciones, los usa y los vuelve a dejar donde los encontró… e incluyen gasolina
—Ahh, ¿cómo lo de las bicicletas? —pregunta Yurleidis sorprendida
—Sizas, pero con carros.
—¿y cuánto “pagastes”?
—Super suave, pagué 125 “pavos” y son 100 consumibles.
—¿De dónde sacaste los 125 euros?
—Me llegó la CAF, me pagaron lo que no me habían dado el año pasado, ¡este país es una maravilla!
—¡Genial! A mí nada que me llega, pero no debe demorar.
—¿Y podés manejar con el pase colombiano?
—Sizas, sin problema, mientras sea estudiante.
—Ok, nos vemos en el puente de piedra a las 3pm.
—¡Listo!
La CAF[9], siglas en Francés de Caja de subsidios familiares, es una entidad del estado que entrega subsidio de vivienda a las personas que estudian en Francia. No es necesario ser ciudadano francés; la entidad no ofrece un trato especial a los ciudadanos sobre los extranjeros para entregar dicha ayuda. Usualmente es alrededor del 50% del valor del arriendo durante el periodo que permanezca estudiando.
Tres horas después, se encuentran en el puente de piedra de Burdeos, a tan sólo 150 metros de una estación donde están los carros de Autocool[10], empresa que provee un servicio de prestamos de carros por horas. El usuario accede al vehículo a través de una tarjeta electrónica, adentro encuentra las llaves, lo retira de la estación y cuando termina, lo deja donde lo encontró. Servicios similares se encuentran en todas las grandes ciudades de Francia.
—Hola Yurleidis, ¿cómo vas? —la saluda con el doble beso francés.
—Rebien Esneiders, ¿y vos?
—¡Súper! Ve, vamos de “guan”[11] por el carro. Traje el CD de Jhonny Rivera para ponerlo a “traquear”[12] en ese carro.
—Todavía no me creo eso de los carros que uno coge y los deja donde los encuentra. Incluso me parece extraño con las ciclas[13]… ¿y la gente no se los roba?
—¡No! —Grita Esneider mientras escupe tiernamente la cara de Yurleidis, sin intención, claro.
Al llegar a la estación de Autocool en la puerta de Burgoña, Esneider abre el carro con su tarjeta magnética, coge las llaves, lo enciende y parten por un paseo al lado de Río Garona… se van escuchando fuertemente la música de Jhonny Rivera.
—¡Me gustan los caballos, las mujeres bonitas y salir de paseo con mis amiguitas…![14] —grita desafinada Esneider.
—¡Qué boleta esa música Neider!
—Tu madre será “boleta”[15] malparida. —le grita mientras le escupe la cara, sin intención.
—Uich, tan grosero usted, como siempre. —dice Yurleidis enfadada.
¡De repente!, Esneider escucha la voz de su madre que le grita fuertemente
—¡Neider, Neider! Ayúdeme aquí a pelar unas papas. Deje de ser vago, ya no es hora de dormir.
Se despierta de repente Esneider y golpea su cama. Luego, grita con fuerzas y con un tono agonizante.
—¡Hijueputa! Todo fue un sueño.
—¿Qué le pasó mijito? —le grita su madre desde la cocina
—No nada, que te me “cagaste”[16] un sueño una “chimba”[17].
—Deje la grosería y venga a ayudarme.
Esneider, se levanta de su cama y va a pelar papas con su madre. Ella hace empadanadas y él suele ayudarle en los fines de semana. Esneider se queda pensando toda la mañana en este sueño que tuvo. ¿Será una revelación? ¿Existirán estos carros y bicicletas como las que vimos en su sueño? ¿Estarán al alcance de los estudiantes promedio? ¿Existe Autocool en Burdeos?
El viernes siguiente en un pequeño bar frente a la Universidad Santiago de Cali, a las 7pm, se encuentran Esneider, Wilquenson y Juan David compartiendo una cerveza.
—Mirá esa monita tan rica Juan Da’ —dice morbosamente Wilquenson.
—Ve “marica”[1] no muestres el hambre, deberías tener dignidad, o sea… —replica Juan David— y no me digas Juan Da’, mi nombre es Juan David.
—Sizas Wilquensons, te pasás con las hembritas[2] —complementa tiernamente Esneider.
—¡“Mona”[3], Mona! —grita Wilquenson a una jovencita de cabello rubio— cuando te veo se me amontona.
Esneider y Juan David sienten un gran vergüenza por los comentarios de Wilquenson… y de pronto, Esneider interrumpe.
—Ve, pongámonos a estudiar Francés. La “vuelta”[4] es irse a estudiar a los Francias.
—El Francés es muy “gay”[5] y además hay mucho gay allá —replica Wilquenson
—Hablando en serio, parece una buena idea Esneider —replica Juan David —yo estudié algo de Francés en el cole’… ¡qué días! Por cierto, yo tengo los libros que usan en la Alianza, podríamos fotocopiarlos y estudiarlos entre los tres.
—¡Gomelo hijueputa! —grita tiernamente Esneider a Juan David mientras escupe su cara sin intención.
—¡No me escupas pues! —alega Juan David— no tengo la culpa de haber visto Francés en el colegio.
La discusión continúa y Juan David les explica sobre el caso de su amigo Juan Fernando que con sólo estudiar 200 horas de Francés en la Alianza se fue a estudiar una maestría para Francia. Hace unos años bastaba con un examen equivalente a 440 horas para irse a estudiar.Wilquenson no se siente motivado con el asunto, pero Juan David se ve interesado por la información que Esneider le transmite y que Esneider ha recibido gozosamente en la Alianza Francesa.
En un lugar no muy lejano, en una panadería en su amado barrio Nápoles, se encontraban Wendy Yurleidis, Treixy Johana y la mamá de Yurleidis conversando. Treixy Johana había vuelto de Francia después de lavar baños y mandar la plata a sus hijos durante 10 años. Ella dice que la vida en Francia es muy dura y la situación fue muy dura para ella todos estos años.
—Mijita, no se vaya para allá. Yo viví en “cama caliente” durante 10 años y eso no se lo deseo a nadie —cuenta con tristeza Treixy Johana.
—¿Cómo así cama caliente Treixys? —pregunta Yurleidis.
—Pues yo compartía con alguna parcera una cama tipo cárcel. Ella dormía un turno de 12 horas mientras yo camellaba, y luego cambiábamos. De esa forma siempre entregábamos la camita calienta a la otra.
—Diez años así le tocó a Treixys —interrumpe doña Mayerli.
—Así pasé 10 años para poderle mandar el sustento a mis “chinos”[6] acá. Desde que el Usnavis[7] nos abandonó, las cosas se pusieron muy difíciles para mí y me tuve que ir a lavar baño “ventiado”[8] en Francia.
—¿Eso es lo que usted quiere mijita? —pregunta doña Maryerli, la madre de Yurleidis.
—No mamá, las cosas no tienen que ser así. Oiga Treixy ¿y las ayudas que hay para la vivienda?
—Eso es cuando usted tiene papeles mi amor. —dice con los ojos llorosos Treixy.
—¿Usted estaba sin papeles? —dice con sorpresa Yurleidis
—Claro, yo llegué por España y luego cuando España se puso pesado me fui para Francia. Nunca tuve papeles ni nada.
Así continúa la discusión durante unas largas horas. Treixy le dice a Yurleidis que ella entiende el Francés pero que nunca pudo hablarlo bien. Ella nunca estudió y ni siquiera sabía leer bien Español, menos Francés.
—En todo caso yo quiero aprender el Francés —dice Yurleidis.
—Bueno, yo le voy a ayudar mijita, can bu bulé (quand vous voulez)[9].
[1] Marica quiere decir homosexual, pero en muchos contextos significa amigo.